sábado, 6 de noviembre de 2010

Dianella Cabrera Jardinot 1ºB `` Mi pueblo´´

   Tegueste es un municipio español perteneciente a la provincia de Santa Cruz de Tenerife (Canarias). Está situado en el nordeste de la isla de Tenerife.
   Tiene una extensión de 26,41 km² y una población de 10.666 habitantes (INE, enero de 2009). Su altitud es de 390 metros sobre el nivel del mar. Enclavado en el valle de Tegueste y el de El Socorro, es el único municipio rodeado por otro municipio, San Cristóbal de La Laguna, del cual se independizó en el siglo XVII, privándole de salida al mar los pueblos laguneros de Tejina, Bajamar y Punta del Hidalgo. La actual Villa de Tegueste debe su nombre a uno de los nueve menceyatos guanches, denominado Tegueste y que ocupaba la reciente extensión del municipio más otros enclaves costeros como Valle de Guerra, Tejina y Bajamar. Esta población posee una más que notable tradición agrícola y ganadera. Los cultivos más representativos son sus variedades de papas y sus viñas.

   Tegueste … pueblo entre viñedos, que cuando lo miras desde su azul y despejado cielo ves a su gente, orgullosa de vivir aquí, y a los más pequeños acudiendo a los centros de estudios donde en cada uno de ellos hay una fuente, La Fuente Del Saber, que hace que sus conocimientos sean grandiosos. También se practican distintos tipos de deportes desde el más clásico y cultural al más moderno… Así es mi Tegueste bello y no lo puedo remediar, con su color verde, porque plantas, que no falten, y con sus comercios tan especiales… y ese Ayuntamiento tan espléndido, con su Plaza en honor al patrón de Tegueste, San Marcos. Pueblo entre barcos y fiestas, pueblo divertido, pregúntame tú a mí que ¿si me voy de aquí? Y yo te contestaré que ni hablar que de Tegueste no me voy, y nadie me va a obligar.

Esther Barreto Pérez 1ºB Me gustan los baifos

   Hola, me llamo Yaiza y tengo 12 años, estas vacaciones las he ido a pasar con mi abuelo materno, Bencomo, en una finca en los altos de Pedro Álvarez. Tiene cabras, gallinas, cochinos, un perro y hasta un burro.

   Mi abuelo, los sábados, al amanecer, bajaba al pueblo con el burro cargado de quesos y huevos, para venderlos y con el dinero que conseguía compraba gofio, y al llegar a casa hacía una gran bimba de gofio. En la finca había unos huertos en los que había plantados papas, millo, batatas, y muchas cosas más.

   Un día unas de las cabras estaba un poco rara, no comía, y se pasaba todo el día echada. Yo le preguntaba a mi abuelo que le pasaba y me decía que estaba preñada. A mí siempre me ha emocionado ver un baifo nacer, sería la primera vez en mi vida que vería eso, además mi abuelo me dijo que, a veces, hay que ayudar a la cabra cuando va a dar a luz. Mi abuelo sabe mucho de cabras, me gusta verlo cuando las saca a pastar y a la que se aleja le tira un belillo.

   Ayer por la tarde la cabra parió, tuvimos que llamar al veterinario porque se complicó el parto, pero a mí no me dejaron ver como nacían. Al final tuvo dos cabritos y la cabra murió. Y por eso yo alimento a los cabritos con biberones. Me gustan los baifos.

Édgar Perera de León 1º B Me gustan los baifos

   Esto era un niño llamado Juan. Vivía en una granja al sur de Fuerteventura. En ella vivía su padre, su madre y cuatro hermanos. Era la más grande de Fuerteventura y tenía todo tipo de animales los más abundantes eran las cabras, ovejas, vacas, gallinas, cochinos, conejos y perros. También tenían una zona para cultivar donde plantan chochos, papas, batatas y verdura. Juan tenía que ir al colegio con sus cuatro hermanos caminando dos kilómetros y cuando llovía se enchumbaban todos porque la guagua no pasaba por ahí. Mientras el padre y la madre le daban de comer a los animales, que era lo que a Juan le encantaba. En verano, que ni sus hermanos ni Juan iban a clase, se quedaban ordeñando a las vacas, cabra y ovejas para hacer queso. Un día el padre se compró un camión, eso decía que no tendrían que ir caminando más hasta el colegio y que podría traer más animales. Juan siempre se alongaba por la ventanilla del camión.

A final de año su familia sacrificaba algún animal para hacer una cena con: los quesos que tenían, lo que cultivaban en la huerta y una pelota de gofio. Aunque a Juan le gustaba la celebración le daba mucha pena porque le gustaban los baifos.

Izan Suárez Pérez 1ºB Me gustan los baifos

Hace tiempo, cuando los aldeanos eran pobres y tenían que obedecer las órdenes de los reyes, una familia de campesinos vivía en lo alto de una montaña, se dedicaban a la agricultura y la ganadería. El padre se llamaba Bencomo y era cabrero, la madre, Guasimara, era la que se encargaba de la casa mientras que el marido cuidaba de las cabras. Ellos tenían una hija que se llamaba Yaiza y algunas veces ayudaba al padre con las cabras, en invierno solía alongarse en los barrancos para ver el agua correr.

Un día una cabra parió, Yaiza estaba muy contenta porque le gustaban mucho los baifos, le encantaba cuando le ponía el dedo delante de la boca y empezaban a chupárselo.

Al cabo de unos meses nacieron más baifos y así sucesivamente. Ellos mantenían en secreto lo de los baifos ya que si el rey se enteraba obligaría a matar el rebaño de cabras. Un día el rey mandó a unos inspectores a inspeccionar las casas de las montañas, a todas las personas que vivían allí le quitaron las cabras y, por protestar, también le quitaron el gofio, las papas, el millo, etc. Incluido a la familia de Bencomo.

Todos los aldeanos y las aldeanas, muy disgustados por lo que había hecho el rey, se aliaron para matarlo. Se prepararon con todas las herramientas que le sirvieran para el ataque y salieron caminando hacia el pueblo. Estaba lloviendo y toda la gente estaba enchumbada. Al llegar al pueblo los aldeanos tuvieron un enfrentamiento muy sangriento con los guardias del rey, algunas personas consiguieron fajarse de los guardias y llegar a la corte del rey. El rey, al ver a los aldeanos armados y con miradas amenazantes, les suplicó que no le hicieran daño y gritó a todo pulmón: ¡me gustan los baifos!

Natalia Jiménez Rodríguez 1º A No me gustan los baifos

   Era Jueves, me desperté, lo primero que vi fue la cara de mi madre sonriente diciendo: Venga, que llegas tarde. Entonces miré el reloj y ya eran las ocho de la mañana, si no me daba prisa llegaría tarde al instituto, con las prisas se me olvidó coger el libro de Matemáticas, pero cuando llegué al instituto me acordé que hoy íbamos de excursión a una granja. Entonces vi a mi mejor amiga, Paula que estaba jugando a los boliches que me dijo: ¿Hoy porqué no cogiste la guagua? Yo le dije: es que me quedé dormida y después tuve que ir a comprar gofio, y se me escapó la guagua. Fuimos a la clase y cuando abrí la mochila me dí cuenta que no traje dinero para comprarme las papas fritas, en ese momento me encontré un afilador en el suelo y me lo quedé, después de unos minutos llegó la guagua y la profesora cerró la clase con fechillo mientras los alumnos fueron corriendo hacia la guagua, naturalmente yo me puse con Paula y durante todo el camino hablamos sobre los baifos, cuando salimos de la guagua vimos un hombre corriendo detrás de un baifo gritando: Vuelve aquí. En unos minutos perdimos de vista al baifo, el hombre miró para nosotros y se sonrojó, entonces el baifo vino por detrás y me arrancó los pantalones de un mordisco y yo dije: Ño. Mis amigos se empezaron a reír de mí y la profesora me llevó al instituto para que mi madre allí me recogiera, después de un rato vi a mi madre, pero sin coche y con unos pantalones en la mano, cuando llegó me dijó que se le averió el coche, me probé lo pantalones en el vestuario y me quedaban pequeños. Después de quince minutos caminando llegué a mi casa y me eché en mi cama y me dormí.Y esta es la explicación de porque no me gustan los baifos.

DANIEL MARRERO HERNÁNDEZ 1º A Me gustan los baifos

   Había una vez un niño que le encantaban los animales. Llamado Pablo, era un niño muy divertido, juguetón, y bobo. Es bobo porque: es un desastre en clase, nunca hace las tareas y su media de exámenes es de -0. Pero con los animales parecía otro niño.
   En la noche de reyes él no pidió juguetes, ni PLAYSTATION, sino un baifo. Ese baifo tan esperado por fin llegó. Pablo estaba muy privado esa noche. Desde ese día Pablo hacía de todo con el baifo: comía cotufas con él, iban al molino de gofio…
   Con el paso de los meses el baifo se fue haciendo muy malo. Y Pablo no se hacía cargo de los destrozos de la casa, sino la madre. Pablo y el padre estaban todo el día echados. A continuación los padres se pelean por que no ayudaban en la casa, y se separaron.
   Como consecuencia de la separación de los padres a Pablo ya no le gustaron los baifos.
   Moraleja: Si tienes un animal te comprometes a cuidarlo, no tus padres.

Pablo Palomar Concepción 1ºA Me gustan los baifos

El fin de semana pasado fui a un bonito pueblo donde vive mi abuelo Berto y me quedé en su casa. El primer día me dijo que íbamos a visitar el pueblo en una guagua que pasaría en media hora. Así lo hicimos. Fuimos a ver la iglesia, era muy bonita y tenía muchas tumbas en el suelo. Mi abuelo decía que allí estaba enterrada su bisabuela. Al cabo de un rato fuimos a comer al bochinche de la esquina. Yo me pedí cuatro papas con mojo verde, y mi abuelo, una viejita guisada. Estaba todo muy bueno. Al salir, fuimos a casa de mis primos y nos entretuvimos jugando a los boliches y comiendo gofio durante un buen rato. Decidimos regresar a casa, ya eran las cinco. Al llegar, me dijo que las cabras que tenía en el establo iban a parir pronto. Yo salté de alegría porque me encantan los animales. Al cabo de un rato, me puse a hacer la tarea del fin de semana. Cuando terminé, ya eran las nueve de la noche. Cené y me fui a la cama. Me despertó el grito de mi abuelo que me llamaba. Yo me vestí rapidísimo a ver qué pasaba. Mi abuelo estaba en el establo ¡las cabras estaban pariendo! Le pregunté a mi abuelo como se llamaban las crías de las cabras, me dijo que baifos. Nació uno y otros dos más tarde. El más pequeñito se me acercó y me lameteó toda la cara. Yo lo acaricié. Desde ese día me gustan los baifos.

Romén Pérez Báez 1º A No me gustan los baifos

El 15 de Noviembre de 1982 un pastor de la época llamado Pedro llevó a su rebaño a pastar como de costumbre. Era un día tranquilo hasta que Pedro divisó en la lejanía a un lobo ibérico. Él sólo pudo reaccionar de una forma, llevando a su rebaño a una llanura cercana. El peligro se había esfumado y él aprovechó para comer; había llevado para ese día una botella de vino, unas papas arrugadas, una piña, unos chochos y un frangollo. Pero el lobo estaba por los alrededores y en un despiste del pastor, capturó a unos de sus baifos, pero precisamente el que el lobo había elegido para darse un festín, no era tonto. El baifo tomó aire y lo embistió con tanta fuerza que el lobo no tuvo más remedio que correr hacia la montaña. Al llegar a un riachuelo tomó un buche de agua y al mismo tiempo dijo en alto: "No me gustan los baifos".

Héctor Sánchez Rodríguez 1º A ME GUSTAN LOS BAIFOS

   Un doce de enero de 2010, decidimos hacer senderismo por un barranco llamado Afur. Cruzamos bastantes charcones por encima de piedras enormes, yo iba muy contento dando saltos y de repente se acabó el barranco, empezamos a subir por una vereda que atravesaba las montañas, pensé: La que se me viene encima con este calor. Era sofocante, aburrido y el paisaje era feo y con muchas hierbas. Bebía mucha agua y me remangué los pantalones, me rascaba la cabeza con la gorra puesta, que estaba blanda de tanto sudar. De repente se veía a los lejos un pueblo y alguien dijo:

-Se ve Taganana.

Y yo pensé: no me queda nada, tengo que llegar allí. Me quedé mirando la montaña, tenía unas manchas blancas y otras negras y cuando llegué allí mi sorpresa fue que esas manchas eran cabras, un baifito vino hasta mí y me lamió los pies, me siguió unos metros. Por eso me gustan los baifos.

Noelia Adrián Glez 1º A Me gustan los baifos

Hace mucho tiempo había un niño llamado Javier, tenía 8 años, vivía en una casa pequeña y bastante vieja. El vivía con su abuela, se llamaba Marta, tenía 45 años, le encantaba cocinar; cuando tenía 5 años hacía bizcochones y le salían buenísimos.
Cuando Javier salía del colegio, iba al baño, se lavaba las manos, después iba al jardín y jugaba con su colección de boliches que era bastante grande. Marta cocinaba mientras él jugaba, ella solía cocinar con 2 ingredientes que a ella le gustaba mucho eran: papa y piña; mientras cocinaba comía cotufas y chochos.
  Un día Marta cocinó baifo e hizo una pella. A Javier le gustó la pella pero luego le dijo a Marta:
   - No me gustan los baifos.

Beneharo Linares Díaz 1-A Me gustan los baifos

   Miguel era un niño de nueve años, vivía en un pueblecillo de La Orotava, con sus padres y con su abuelo. Durante la semana, por la tarde después de hacer la tarea le gustaba mucho ir a jugar con sus amigos al boliche.
   Los fines de semana después de un buen desayuno con gofio, leche de cabra, fruta y queso, Miguel se preparaba para ir a ayudar a su abuelo a trabajar las tierras y ocuparse de los animales. Su abuelo tenía unas huertas plantadas de papas y millo. Aquel millo daba unas piñas que a Miguel le encantaba comérselas asadas con mantequilla.
   También tenía un pequeño establo con animales, unas cabras y un perro que las cuidaba. A Miguel le gustaba mucho un baifo negro con manchas blancas que había nacido hace poco, le encantaba jugar con él por las montañas. Un día cuando las cabras estaban pastando Miguel tropezó y se hizo daño en la rodilla. Más tarde el abuelo dio un silbido para que el perro agrupara las cabras, al ver que faltaba el baifo y Miguel, el abuelo decidió ir a buscarlos por las montañas. Tras un largo tiempo de búsqueda sin resultado el abuelo oyó balar al baifo, detrás de unas rocas y allí estaba Miguel, tumbado en el suelo y el baifo cuidándolo al lado. El baifo a pesar de haber escuchado al perro decidió quedarse cuidando a Miguel. El abuelo preguntó a Miguel: 
   -¿Te has hecho daño Miguel?
   Miguel contestó:
   - Me duele un poco la rodilla. 
   El abuelo le dijo: 
   - Anda, agárrate a los hombros que te voy a llevar en brazos. 
   Miguel hizo lo que su abuelo le dijo y cuando iban de camino a casa el niño dijo sonriendo: 
   - Sabes abuelo, ¡ me gustan los baifos!.

Dácil Castellano Jorge 1ºA Me gustan los baifos

Érase una vez en un gallinero de la Palma, un gallito muy extraño llamado Gonzalo. Gonzalo era un gallito como todos los demás salvo por una cosa; que era claustrofóbico, por lo cual no le gustaba estar encerrado en el gallinero con todas las gallinas. Un día yendo a la gallo- escuela se quedó mirando al prado que había mas allá del gallinero cerrado con fechillo, de los establos y de la caseta del perro Domingo, y pensó que le encantaría correr por el prado libre de vallas y lejos de tanta gallina, pero claro está, eso era imposible.
   Un día como todos los sábados, en el gallinero cambiaban de cereal, para así engordar más a las gallinas, y este sábado tocaba gofio. El granjero les puso en los comederos el gofio y todos los gallos y gallinas a comer. Cuando Gonzalo probó el gofio sintió que podría hacer la maratón y una vocecita en su cabeza le dijo:
   - ¡Ve hacia el saco y comételo todo!.Y así hizo, mientras las demás gallinas comían como cerdos él pensó: qué modales, ni siquiera se ponen los baberos.Y poco a poco se acercó al saco, donde estaba todo el gofio para la semana y saltó y se lo comió todo. Y fue corriendo a la verja del gallinero, y la rompió, siguió corriendo y olió las papas con mojo que comería el granjero de almuerzo, siguió corriendo y pasó por los establos y vio al perro Domingo asustando a las vacas, siguió corriendo y rompió la verja del final y vio el prado con sus baifos y Gonzalo se sintió libre y miró a los baifos contentos y pensó:¡me gustan los baifos!

ME GUSTAN LOS BAIFOS Erik Morín Afonso 1ºB

   Me llamo Erik. Mi tío tiene unas 200 cabras. Todos los  días bajaba con mi padre en la guagua para ayudarle a mi tío a echarles de comer. Después de echarles de comer mi tío me invitaba a comer papas arrugadas. Siempre les gustaba mucho a las cabras que le echaran millo. Mi tío le echaba dos veces en semana.
   A mediados de noviembre cuando parían me gustaba mucho darles leche a algunos baifos, ya que algunas cabras se morían después de parir. Me gustaba ver cómo nacían porque son muy pequeñitos y bonitos. Yo lloraba cuando se morían o cuando se les partía una pata y estaban cojos.
   A los baifos les gustaba mucho alongarse al barranco y una vez un baifo recién nacido se riscó.
   Mi tío llama al corral de las cabras goro porque también hay gallinas y palomas. ¿Te has preguntado alguna vez como nacen los baifos? Pues te lo voy a decir: los baifos cuando nacen son de unos 30 cm de largo y de ancho 15 cm de ancho. Cuando nacen están llenos de babas pero la cabra se las  va quitando poco a poco. Y ¿te has preguntado cuántos baifos puede parir  una cabra normalmente? Dos.
   Una vez que entré al corral y los machos estaban sueltos, un macho empezó a perseguirme y yo salí corriendo hacia fuera.
   Yo nunca les tuve ni les tendré miedo a los machos ni a las cabras porque me gustaban mucho los baifos.
   Ahora siempre que voy a la Punta del Hidalgo voy a casa de mi tío y entro al corral a ver si hay baifos y si hay me pongo a jugar con ellos y a acariciarlos.
   Me pongo a cortar plátanos con el machete para las cabras que a ellas le gustan mucho y casi siempre los corto tres cajas y dos carretillas.
   Me gusta mucho acompañar a las cabras y a los baifos a ir detrás de una montaña y verlas comer.
   Mi tío suele dejarlas una semana solas en la montaña para que coman hierba ya que muchos plátanos y millo es malo.
   En diciembre en las Navidades matan a los cabritos(baifos crecidos) porque a la gente les gusta mucho el cabrito. A mí no me gusta nada ni que los maten porque me da mucha pena.
   A principios de enero todavía las cabras están pariendo. Cuando terminan de parir empiezan a dar mucha leche y se empieza a ordeñar y a hacer mucho queso mi tío.
   Cuando los baifos se hacen grandes pueden ser cabras o machos y a algunos no los puedes tocar porque se van corriendo y a otros porque te vas corriendo tú.
   En fin, me gustan los baifos.

Dianella Cabrera Jardinot 1ºB "Me gustan los baifos"

   Lucía era una joven que tenía un gran problema, ¡estaba en Madrid y ella era canaria!, parece una tontería pero, para ella era un problema y voy a explicar porqué.

A Lucía le encantaban los bubangos y ella quería comer un potaje de ellos, entonces fue a un restaurante y pidió un potaje de bubangos , el camarero muy extrañado le preguntó que quería decir bubango y ella quiso explicárselo pero, ¿cómo se lo podía explicar si ella no sabía como se decía en castellano?, ella pensó almorzar otra cosa y pidió un arroz a la cubana, seguidamente el camarero le preguntó si quería algo de postre y ella pidió un cortado pero el camarero no entendió lo que quiso decir y le preguntó que qué era eso, Lucía sin saber qué decir decidió irse para no parecer rara, pero antes de marcharse al pagar le preguntó al camarero que si saíia donde se encontraba la parada de guagua más próxima, y él burlándose de ella, decidió estarse callado. Lucía avergonzada salió del restaurante en busca de una parada de guagua, recorrió varias calles hasta dar con una. Una vez que llegó la guagua se montó y le dijo a una señora que estaba al lado de ella que si podía dejar de alegar y la señora sin saber qué significaba aquello se sintió insultada y le dijo a Lucía un montón de insultos y Lucía decepcionada al bajarse del autobús fue a una tienta y preguntó si tenían papas, el hombre muy amable le empezó a señalar que qué tipo de papas quería y ella pensó que era la única persona que lo entendía y el señor noblemente le dijo que él sabía hablar un poco canario y la dijo a Lucía una cosa que le dejó muy confusa " ...me gustan los baifos"

PABLO MELIÁN LÓPEZ - 1ºB ME GUSTAN LOS BAIFOS

Hoy contaré una pequeña y terrorífica historia que me sucedió una noche de invierno de 1955. En aquellos tiempos en que las carreteras eran de tierra y las casas de piedra y barro. Me encontraba refugiado de la lluvia en mi casa, lejos de la humanidad en un pueblito lejano, cuando decidí salir a la calle que estaba enchumbada, a comprar uno de aquellos maravillosos quesos de los que me habían hablado; esa noche vendrían a cenar unos familiares a casa y había preparado unas papas arrugadas, unas pellas de gofio, unas piñas de millo y unas costillas, así que sólo me faltaba uno de aquellos quesos. Cuando llegué a la venta, una anciana chocha algo pálida me recibió con una cara no muy alegre, le pregunté amablemente por aquel queso que quería comprar y sin decir nada alargó una de sus envejecidas manos, cogió un queso envuelto en papel chorreante y me lo dio, a continuación se quedó mirándome fijamente como esperando algo de mí, me di cuenta de que de alguna manera me pedía que le pagara, así que saqué 50 pesetas y le pagué. Me encontraba realmente incómodo en aquella venta, el silencio cortaba el ambiente y empecé a agobiarme mientras aquella mujer me miraba sin decir nada.
   Al abrir la puerta, chirrió como si hubiesen matado a un gato y justo cuando iba a salir, la anciana dijo:
   -¡Cuidado con los baifos!
   Asombrado me giré, la miré fijamente y pregunté asustado:
  -¿Cómo?
   -¡Cuidado con los baifos, ellos acechan! –dijo
   Salí de allí con la idea de llegar a casa cuanto antes, pronto vendrían los invitados a cenar y sinceramente aquella vieja me había cortado las ganas de comer.
   De pronto, llegando a mi casa, rodeada de una gran arboleda con una finca cercana de un cabrero amigo de mis abuelos, recordé las palabras de aquella anciana, y al pasar junto a las cabras y baifos de la finca un escalofrío recorrió mi espalda.
   El reloj marcaba las 8 de la noche y mis invitados pronto estarían en casa, de pronto, algo hizo que temblaran todas las ventanas y el tejado de la casa como si alguien estuviera sacudiéndola desde fuera, corrí hacia la puerta y en el momento de abrirla no había nada, todo estaba tranquilo fuera. Al cerrar la puerta sentí como el llanto de un niño de una forma extraña, cercana, cada vez más intensa, hasta que llegué a tapar mis orejas para no escuchar aquellos lamentos que me estaban volviendo loco. Finalmente salí fuera, llovía otra vez, y descubrí una luz floja a la altura del suelo cerca de la finca, me acerqué lentamente hasta ella, mojándome bajo aquella lluvia que no paraba, hasta que cuando estaba a menos de dos metros reconocí a Manolo, el viejo amigo de mis abuelos, que trabajaba en la finca, estaba tirado en el suelo con el quinqué y sangrando por la cara.
   Intenté levantarlo con cuidado y finalmente despertó muy nervioso y me dijo que le había dado un yeyo, que algo le había empujado; lo llevé hasta la casa y tras llamar al médico, me pidió una perrita de vino, y yo cogí dos vasos y puse para los dos. Estábamos nerviosos y mojados.
   Le conté lo que me había sucedido, lo que había oído, aquel lamento que hizo vibrar los cristales de la casa y asombrado me dijo:
   -Los baifos me han salvado
   Mi asombro fue aún mayor al escucharlo, volví a recordar las palabras de la anciana que me había puesto los pelos como escarpias.
   Al parecer los baifos presintieron el dolor de su dueño y me avisaron de lo que sucedía con sus lamentos. Gracias a ellos Manuel está vivo y podemos contarlo.
   A partir de ese momento decidí que me gustan los baifos.

Yael Suárez 1ºB Me gustan los baifos

   En un pueblo al sur de España, había unos hermanos que se llamaban David y Lucas. David era más bueno que Lucas y Lucas era más ruin. Los dos hermanos trabajaban en el campo. David siempre le alegaba a Lucas porque no trabajaba casi nada, porque tenían que trabajar lo mismo los dos. Por las tardes, iban a cuidar de la granja que tenían.Todas las tardes hacía pelete y por eso llevaban grandes chaquetas. Lucas era zoquete porque siempre se equivocaba con la comida de los animales, en cambio, David era más listo que él. Entre los diversos animales que tenían contaban con: cabras, ovejas, cerdos, gallinas, vacas, caballos, perros, codornices, cabras y conejos... A David le gustaban los cerdos y a Lucas las ovejas porque decía que le podías sacar la lana y hacer chaquetas. Al acabar el día David hacía bien el trabajo y Lucas más o menos. En las fincas ajenas Lucas siempre lajaba algo, David se enfadó y lo llamó machango y el dueño de la finca le echó el alegato a David que era el más responsable. David quedó en vergüenza delante de todos. Al siguiente día desayunaron gofio para estar fuertes para ir a las huertas y cogieron la guagua para ir a las huertas, cuando llegaron cogieron batatas y papas. Lo que almorzaron ese día. Pero al ir por la tarde se encontraron un baifito que había parido la cabra y dijeron David y Lucas "me gustan los baifos".

Lidia Acosta Hernández 1ºB Poema

Dulce poesía,
Que suena con la maresía.
Dulces cantares,
Que entonan los mares.
Dulce caricia,
Que me da la brisa.
Dulces momentos,
Que había en aquel tiempo.
Dulce amor,
Que me da dolor.

Lidia Acosta Hernández 1ºB Me encantan los baifos

   Había una vez un niño que se llamaba Gonzalo. Gonzalo vivía en lo alto de Anaga en un pequeño pueblo con su familia que era muy pobre.
Gonzalo tenía que trabajar en una guachinche para que su familia tuviera que comer.
   Una mañana se levantó, desayunó y se fue a trabajar al guachinche. Enseguida empezó a trabajar sirviendo papas, millo, gofio… Al cerrar el dueño le dijo que la venta tenía demasiadas deudas así que la tenía que cerrar. Gonzalo tendría que buscar otro trabajo. Pero el pueblo era demasiado pequeño y no había muchos trabajos que él pudiera hacer.
   Al llegar a su casa le comentó a su padre lo ocurrido. El padre le dijo que el vecino le había comentado que estaba buscando una persona que cuidara baifos. ¡Ños!, exclamó Gonzalo ya que el baifo era su animal favorito.
   Dos días más tarde comenzó a trabajar, los llevo a lo alto de la montaña del Tejo y desde ahí grito: ¡ME GUSTAN LOS BAIFOS!

Pablo González Delgado 1º B Me gustan los baifos

   Érase una vez un niño que tenía un abuelo que era ganadero. Un día
consiguió un baifo que le regaló al nieto. El niño guardaba al baifo y cerraba la puerta con el fechillo para que no escapara. Cuando lo sacaba a pastar por la cumbre siempre llevaba consigo una macana para evitar que el machango de Pedrito molestara a su baifo, pues siempre le decía que lo quería para
comérselo.
    En una ocasión que el niño pastaba con su baifo empezó a llover y vio a Pedrito enchumbado. Éste se acercó al niño y pensando que le iría a robar su baifo le tiró un tonique y fue tal el tonicaso que Pedrito nunca se acercó más al baifo.
    Al llegar a casa el niño se quitó la ropa mojada y la tendió en la liña y
se jartó a cotufas que su abuela había preparado. El abuelo le dijo que esa noche
tendrían que matar al baifo y comérselo y el niño empezó a llorar. El abuelo le dijo que no fuera babieca.
    Cuando anocheció el niño buscó al baifo y no lo encontró. Ya era tarde y tocaba cenar. El abuelo le dio plato de carne y el niño se fajó a la comida y dijo: "ño, qué bueno está abuelo". Y el abuelo le dijo: "lo ves babieca, es tu baifo". El niño respondió: "Me gustan los baifos".

DAVID SEGURA 1ºA Me gustan los baifos

   Dani era un niño que no tenía amigos porque en su colegio todos se creían superiores que él. Los demás eran skaters y se enfrentaban a todos sus miedos: escalones, rampas, pistas… en cambio él no hacía ningún deporte. Trabajaba en un bar con su padre haciendo papas con mojo y buches de licor. Un día de reyes, sus padres le regalaron un skate, fue a la pista a probarlo y catapum! se cayó, todos se reían de él. Pasado un tiempo empezó a desayunar todos los días gofio con leche para ponerse fuerte. Todos los días cogía la guagua para ir a una escuela de skate, fue mejorando su habilidad. Cuando pasó un año participó en un concurso que era de tirarse desde la Tour Eiffel. Él bajo sin ningún problema y los demás se cayeron. Por fin era mejor que nadie. Más tarde fue a celebrarlo con su familia haciendo un guachinche y yendo al monte viendo como los demás trabajaban en el monte con un rebaño de cabras dándoles de comer, cuidándolos y gritando no me gustan los baifos.