viernes, 17 de diciembre de 2010

Mis recetas

   Vamos a intercambiar sabrosas recetas de cocina, o a ayudarnos a montar esa máquina que tanto nos cuenta, o a utilizarla sin problemas, al fin; incluso podremos contarnos nuestras ideas para conseguir un mundo mejor.
   Para logarlo, escribirás un texto con las instrucciones necesarias. Usa como base las indicaciones que se dan en el libro de texto, en la página 43. Puedes elegir entre uno de los siguientes temas:
          1. Receta para hacer tu bocadillo favorito, tal como se indica en el libro.
          2. Receta para preparar cualquier otra comida.
          3. Instrucciones para montar o utilizar una máquina. Esta máquina puede ser real, o te puedes inventar tú una.
          4. Instrucciones para alcanzar una finalidad más abstracta, ya sabes como ejemplos, cómo hacer amigos, cómo enamorar a otra persona, cómo conseguir la paz en nuestro planeta...

          Tienes hasta el diez de enero para entregar tu texto, así que piénsatelo bien, y haz un excelente trabajo.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Miriam Hernández Díaz 1ºB ...Me gustan los baifos

   Un día Isabel, una niña de nueve años estaba con su padre esperando en la parada de la guagua para visitar a unas cabras que tenía el padre en unos terrenos.
    Cuando la guagua llegó a su destino, Isabel y su padre comieron en unos bancos millos con papas y después siguieron caminando hasta el terreno. Llegado ahí iba a tocar una cabra y el padre le dice:
_ ¡Ñó! apenas acabas de llegar y ya estas manoseando las cabras.
_ Es que son bonitas y muy comilonas.
_ Venga deja de tocarlas y ven, quiero enseñarte algo.
   Isabel dejó lo que estaba haciendo y siguió al padre ilusionada. El padre le llevó hacia una cabra vieja y Isabel le llamó a la cabra Mocha, la cabra chocha.

    Todas las cabras estaban en el terreno vallado o en la cueva que había en la huerta y las cabras se alongaban por las "ventanas " de la cueva , Isabel metió la mano en la "ventana" y de repente se puso a llorar, sacó la mano y un baifo saltaba alegremente; claro, a Isabel no le hizo mucha risa.
Isabel se lo dijo al padre y dijó claramente: 

- No me gustan los baifos.

Alba Isabel García 1º B Me gustan los baifos

¿Que hora es? Pregunta Tara mirando el reloj.

Las 5 y media, dice la abuela.

¡Ay! Se me va a escapar la guagua si no me doy prisa.

¿Pero a donde te vas?

Me voy a ayudar al abuelo a traerle la comida a los baifos.

Pero....

Y Tara salió corriendo antes de que la abuela pudiera terminar de hablar.

Cuando Tara llegó a la finca del abuelo, se acercó a él y le dio un abrazo, el abuelo le sonrió y le dijo:

-¿Estas lista para ir a coger la comida para los baifos? 
- ¡Sí! dijo Tara saltando de alegría. 
-¡Muy bien, pues allá vamos! -le contestó el abuelo montándose en el coche viejo y sucio.

Cuando el abuelo y Tara llegaron a casa, la abuela les empezó a regañar:

-¿Donde habéis estado todo este tiempo? ¿No sabéis la hora que es?

El abuelo miró a Tara y se empezó a reir

- No tardamos tanto, solo fuimos a darles de comer a los baifos.....

La abuela le contestó al abuelo:

- ¡Anda! ¡Vayan a ducharse!

Cuando el abuelo y Tara llegaron de ducharse, Tara en lo que cenaba, le encantaba escuchar esas maravillosas historias que le contaba el abuelo de cuando era niño y cazaba baifos con una papa, aunque Tara haya escuchado esa historia una y otra vez, a ella le encantaba.

-Y abuelo, ¿como podías coger los baifos con una sola papa? -le preguntó Tara.

Pues muy fácil, primero cortaba la papa en trozos, y le ponía por encima pimienta roja, después cuando se hacía de noche, los baifos se iban a sus cuevas a dormir, y antes de que se vayan a dormir les ponía delante de la entrada de la cueva la papa, como a ellas les encantaba la papa empezarán a comersela y a medida que se la comen notarán un picor tremendo en la garganta, hasta que vengo yo y les corto la cabeza.

¡Que miedo! le dijo Tara gritando

Jajajaj....pero al fin y al cabo estan para comer,¿o no?

Bueno, bueno...dijo la abuela refunfuñando, es hora de irse a la cama.

Pero....¡no tengo sueño! y encima, mañana no tengo clases, así que puedo quedarme un ratito más despierta.

La abuela la miró y le dijo:

- Vale...pero no mucho tiempo.

El abuelo le pidió a la abuela unas cotufas y le dijo a Tara llevándola en brazos al salón:

- ¿Cuál es tu animal favorito?

A mi me gusta el baifo.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Rubén Pablo Jorge, 1º A Me gustan los baifos

Un día estuve caminando por la montaña de Las Mercedes y me encontré a un cabrero con un grupo de cabras recién nacidas, a los que llaman baifos. Me explicó que los baifos toman leche de su madre hasta que empiezan a comer hierba. Los baifos son como los hermanos pequeños, se ponen a jugar entre ellos y a correter para arriba y para abajo. Son unos de los animales más pequeños del mundo animal, hay algunos de color blanco y otros de color negro, son muy bonitos. Suelen vivir en los corrales y en las praderas con sus cabreros, que las sacan a pasear por los montes. Ese mismo día, mientras me subía en la guagua hacia mi casa, vi a una cabra con su cabrero caminando hacia las Pañuelas, yo por supuesto llamé a mi padre para que me diece permiso para ir a donde iba la cabra, a continuación, el cabrero me vio y me invitó a un vaso de leche con gofio y unas cotufas para merendar. Era muy amable ese cabrero, tenía muchas cabras en el monte y me llevó a verlas. Era increíble tantas cabras en un mismo lugar, me llevó hacia un corral donde había muchos animales, como puercos, cabras, caballos…
   Al final no quería irme de allí pero mi padre me decía que se hacía tarde y me tuve que marchar de aquel valle tan amplio y bonito… ¡¡ME GUSTAN LOS BAIFOS!!

Samuel Suárez 1A Me gustan los baifos

    Había una vez un barco que iba a chocarse con un saliente de una isla desierta.
   ¡¡¡¡Pun Pun!!!!
   El barco había chocado contra el saliente de la isla. El capitán salió despedido por la ventana delantera y, aterrizó de boca en la playa que estaba al lado. Él ya había pensado lo peor, pensaba que no podría salir de la isla y que se iba a morir de hambre, pero de repente recordó que había traído en su barco de Canarias gofio, millo, papas, cotufas, piña y frangollo (caducado).
   Empezó a comer hasta que se quedó lleno y dijo:
   - ¡ño, me he comido toda la comida y ya no tengo más!
   Después pensó, si voy a ver la isla y a lo mejor encuentro madera y algo para sacar el barco de la piedra.
   Se fue a dar una vuelta, cuando volvió trajo en las manos un buen cacho de madera y un palo grande. Intentó sacar el barco de la piedra pero… ¡no pudo! Se echó al suelo a llorar porque no podía regresar a su casa. Fue a buscar una piedra y se dio en la cabeza con ella y murió. Sus últimas palabras fueron, me gustan todos los animales, pero, no me gustan los baifos.

Erin Amador Martínez 1º A No me gustan los baifos

   Hace mucho, mucho tiempo, un baifo y un sapo se encontraron un terreno seco y agrietado y decidieron sembrarlo a medias. El baifo quiso plantar papas, y el sapo quiso plantar trigo para molerlo y hacer gofio.
Fijaron una fecha, y cuando llegó el día, el sapo cogió la guagua para ir a la casa del baifo y comenzar juntos la tarea.
  - Buenos días baifo, hoy es el día perfecto para empezar a sembrar en nuestro nuevo terreno. ¿Vamos juntos?
  - ¡ Ay, sapo, no puedo ir ! Si vieses lo enfermo que estoy: me duele tanto el estómago que no puedo ni moverme...
  - No te preocupes, yo sembraré el trigo y plantaré las papas.
   Cuando llegó el momento de recoger las papas y segar y trillar el trigo, el sapo volvió a llamar al baifo. Pero este volvió a repetirle:
  - ¡ Ay, lo siento, pero no puedo ir, me duele tanto la cabeza que no puedo ni moverla......!
  El sapo segó y trilló el trigo y recogió las papas. Cuando acabó fue a avisar al baifo.
  - Ya está todo preparado, sólo falta repartírnoslo. ¿Vienes conmigo?
  - ¡Claro que sí !- le respondió elbaifo.
   Llegaron al terreno, y cuando el baifo vio la cosecha toda recogida y metida en los sacos le dijo al sapo:
  - Este año hay muy poca cosecha para repartírnosla entre los dos. Creo que es mejor que hagamos una carrera para ver quién se la queda. El ganador es el que llegue antes a los sacos.
  - De acuerdo, haremos la carrera pasado mañana.
  El sapo, que estaba preocupado por el trato fue a visitar a su otro amigo sapo, que estaba jugando a los boliches al lado del estanque.
  - ¡ Tienes que ayudarme ! - le dijo muy preocupado.
  - Vale, pero mejor vamos a un guachinche que hay en la esquina y lo discutimos mientras tomamos unas cervezas.
  Acordaron que el amigo se escondería en el saco de la cosecha y el sapo se pondría en la línea de salida. El plan no podía fallar.
  Cuando llegó el momento de la carrera y dieron la salida, pusieron el plan en marcha.
  A mitad del camino, cuando el baifo iba llegando a la meta giró la cabeza hacia atrás y vio que el sapo no estaba. No saben cuál fue su sorpresa al ver al sapo dentro del saco. Y como el baifo no distinguía a un sapo del otro creyó que había perdido y se fue triste a su casa. Los sapos para celebrarlo metieron las papas en el horno e hicieron una pella de gofio con el trigo ya preparado.
  El sapo estaba muy contento, pero pensó para sus adentros:
  - Lo que sí tengo claro es que no me gustan los baifos.

Néstor Hdez del Castillo 1º A Me gustan los baifos

   Un niño estaba aburrido en su casa, era muy pobre y estaba siempre solo. Su entretenimiento era jugar a los boliches. El niño era muy flaco, debido a su mala alimentación y según un anciano era chinijo, pero de vez en cuando tomaba gofio y partes de baifos que el padre criaba pero era muy de vez en cuando. Su padre le dijo que un día irían a comprar cotufas y para ello cogerían como medio de transporte la guagua. Unos años más tarde su padre compró dos baifos, el niño se encariñó mucho con ellos y pasaba gran parte del día con ellos menos para hacer la tarea del colegio. De tarea, un día le mandaron a escribir una frase sobre lo que más le gustaba y que se entretenía y el expuso esta:"me gustan los baifos".

Raúl Viñas Abadía 1º A"...me gustan los baifos."

   Iba paseando por la calle camino del molino. Mi madre me había mandado a comprar gofio y si lo hacía, me había prometido que podría comer cotufas en el partido de por la noche.
   Vivíamos más allá de un guachinche que había en lo alto de una montaña, en una casa bastante pobre, no teníamos mucho dinero. De repente un boliche se cruzó por mi camino, deposité con mucho cuidado la bolsa de gofio en el suelo y cogí el boliche. A mí me encantaban los boliches, pero mi madre no me los compraba porque decía que no
tenía ni para alimentarme como para… Miré al suelo y la bolsa ya no estaba, alcé la vista y vi un baifo corriendo por la calle con mi bolsa de gofio en la boca. Toda la calle estaba hecha un desastre, había hasta
papas rodando por el suelo, procedentes del mercadillo más cercano. Mi madre me iba a matar, tenía que hacer algo. Corrí detrás del baifo, curvamos a la izquierda, pasó por encima de un puesto de frutas tirando naranjas y por desgracia pisé una, y como si de un balón se tratase me caí al suelo…
   Me desperté de un sobresalto, empapado de sudor. Todo había sido un sueño o una pesadilla más bien porque a mí no me gustan los baifos.

Víctor López García 1º A Me gustan los baifos

   Una vez, en una manada de cabras que vivían en el centro de Europa, nació un baifo muy chinijo llamado Sam, que desde pequeño tenía un gran sueño, que era conocer el mar. Todos los animales del bosque le tenían un gran respeto porque él era muy amable con todo el mundo.
   En fin, fue transcurriendo el tiempo y él seguía sin ver el mar. Un día, cuando ya era viejo, su médico, que era su mejor amigo, le dijo que tan solo le quedaban unos meses de vida. Entonces, Sam, desesperado, decidió emprender el viaje hacia el mar. Sam, cuando tan solo llevaba una semana de viaje y ya había atravesado el bosque, estaba muy cansado y no tenía ni comida ni agua y decidió dormir un rato. Cuando se despertó, le sorprendió mucho ver a un marinero con aspecto de haber salido de un guachinche sentado al lado suyo cantando una canción melancólica y folclórica, y Sam gritó:
   -¡Dios mío, pero si es un marinero!
   -¿Por qué gritas tanto? ¿Nunca has visto a un marinero triste?
   - Pues… no, ¿voy bien para llegar al mar?-preguntó Sam-.
   -Sí, si sigues recto lo encontrarás, pero me temo que tardarás unos meses, así que toma esta esponja, nunca se le gastará el agua si no le das de beber a nadie, y toma también esta cesta, solo tienes que meter la patita y te saldrá gofio y cotufas.
   -Muchísimas gracias, ahora podré llegar al mar sin ningún problema.
   Y Sam aprendió a jugar a los boliches con muchos amigos que conoció allí, al lado del mar.
   Al final, todos los amigos que le conocieron dijeron: ¡Me gustan los baifos!

Irene Pérez Expósito 1º A Me gustan los baifos

   Ya eran las nueve de aquel fatigoso día. ¡Ño, y con razón! Había tenido que hacer muchos trabajos, ya que mi abuelo estaba enfermo.
   Bajé al guachinche de la tía Carmen (fue agotador, ya que yo estaba en la cima y el guachinche en las laderas de la montaña). Le ayudé haciendo comidas como estas:
   gofio, papas con costillas y piña, cotufas, unos cuantos frangollos... Al terminar me entregó una bolsa plástica con chochos (para mi abuelo) y un poco de dinero con el que me compré un afilador y un par de boliches.
   Volví a la cabaña y al llegar a la puerta ¡vi que estaba abierta! Dentro todo estaba revuelto y allí en el fondo estaba mi abuelo, sentado y sonriente enseñándome un baifo (producto del desorden).
   -Abuelo, ¿qué haces levantado?-le interrogué.
   -Mira, ¿no es una preciosidad?-me preguntó señalando al animal.
   -El doctor dijo que no te levantaras de la cama.
   -¡Pamplinas! Yo no estoy enfermo, estoy mayor y por eso tengo que aprovechar lo que me queda y no estar postrado en una cama todo el día.
   -Abuelo, ¿qué hace este animal aquí dentro? ¿No ves cómo ha dejado todo esto?
   -No podía dejarlo fuera, el pobre baifo tenía hambre y yo lo entré para darle de comer.
   -Está bien, pero en cuanto termine de comer lo sacas.
   -Vale.
   Al día siguiente el baifo nos destrozó la cosecha de millo que tanto nos había costado. ¡Y pensar que mi abuelo le había llenado el buche! Definitivamente no me gustan los baifos.

Anja Jorge 1º A Me gustan los baifos

   Había una vez un chico llamado Lucas que vivía en California con su familia (Los Parker). Iba al instituto como todos sus amigos y se lo pasaba muy bien.

Un día, su padre, Manuel, se quedó sin trabajo. Los Parker lo pasaron muy mal porque ninguno tenía trabajo y tampoco dinero. Siempre comían lo mismo: arvejas con papas porque era lo único que Manuel tenía en su finca. Un mes después, llamaron a Manuel para ofrecerle un trabajo en el Hierro (Islas Canarias). Cuando Lucas recibió la noticia, se enfadó mucho porque tenía que dejar el instituto y a sus amigos. Una semana después se marcharon al Hierro.

   Su padre empezó a trabajar como pastor; a Lucas no le gustaba ese trabajo porque no le gustaban nada los animales. Muchas veces, Manuel le decía si quería ir a ayudarlo con las ovejas y las cabras, pero Lucas se negaba.
   Un sábado, su padre se enfadó con él porque le había mentido y decidió que como castigo le iba a ayudar con las ovejas y las cabras ese fin de semana. A las cinco de la tarde los dos salieron a cuidar las cabras. Después, Manuel guardó los animales en el establo y cerró bien el fechillo de la puerta para que los animales no se escaparan. Terminado el día regresaron a su casa, cenaron papas con mojo y piñas asadas. Al día siguiente, volvieron al corral y vieron que una cabra había tenido un baifo. A Lucas le encantó aquel baifito; siempre que puede va a verlo, se pone a jugar con él y grita: "¡ME GUSTAN LOS BAIFOS!"

Andrea González Rodríguez. 1º A. Me gustan los baifos

   Hace bastantes años hubo un hombre con un lazo muy especial con su tierra, Canarias. Tal era ese lazo que decidió dejar por escrito todo lo que él pensaba sobre ella, ya bien fuera en la forma de expresarse como las sensaciones que él sentía cuando la veía y olía su delicioso aroma. Aquí se encuentra la página de su diario donde lo escribió:

Día 22 de junio de 1898.

Ya tengo ochenta y siete años, pero cada vez que abro la ventana y miro hacia fuera todavía suelto un ¡Ño! porque es el pueblo más bonito del mundo. Según me despierto sigo dirigiéndome a la cocina para calentarme mi leche con el estupendo gofio de millo que se prepara con mucho cariño y dedicación, esto hace que sea especial. Mi mujer sigue preparando ese fantástico frangollo con su delicioso aroma y ese espléndido sabor. Al almorzar seguimos tomándonos el buche de vino de nuestra tierra. Y cuando cojo la guagua para ir a la finca y veo que cada vez le da más vida esas cabras con sus crías pienso: "a mí me gustan los baifos".

Dianella Cabrera Jardinot 1ºB `` Mi pueblo´´

   Tegueste es un municipio español perteneciente a la provincia de Santa Cruz de Tenerife (Canarias). Está situado en el nordeste de la isla de Tenerife.
   Tiene una extensión de 26,41 km² y una población de 10.666 habitantes (INE, enero de 2009). Su altitud es de 390 metros sobre el nivel del mar. Enclavado en el valle de Tegueste y el de El Socorro, es el único municipio rodeado por otro municipio, San Cristóbal de La Laguna, del cual se independizó en el siglo XVII, privándole de salida al mar los pueblos laguneros de Tejina, Bajamar y Punta del Hidalgo. La actual Villa de Tegueste debe su nombre a uno de los nueve menceyatos guanches, denominado Tegueste y que ocupaba la reciente extensión del municipio más otros enclaves costeros como Valle de Guerra, Tejina y Bajamar. Esta población posee una más que notable tradición agrícola y ganadera. Los cultivos más representativos son sus variedades de papas y sus viñas.

   Tegueste … pueblo entre viñedos, que cuando lo miras desde su azul y despejado cielo ves a su gente, orgullosa de vivir aquí, y a los más pequeños acudiendo a los centros de estudios donde en cada uno de ellos hay una fuente, La Fuente Del Saber, que hace que sus conocimientos sean grandiosos. También se practican distintos tipos de deportes desde el más clásico y cultural al más moderno… Así es mi Tegueste bello y no lo puedo remediar, con su color verde, porque plantas, que no falten, y con sus comercios tan especiales… y ese Ayuntamiento tan espléndido, con su Plaza en honor al patrón de Tegueste, San Marcos. Pueblo entre barcos y fiestas, pueblo divertido, pregúntame tú a mí que ¿si me voy de aquí? Y yo te contestaré que ni hablar que de Tegueste no me voy, y nadie me va a obligar.

Esther Barreto Pérez 1ºB Me gustan los baifos

   Hola, me llamo Yaiza y tengo 12 años, estas vacaciones las he ido a pasar con mi abuelo materno, Bencomo, en una finca en los altos de Pedro Álvarez. Tiene cabras, gallinas, cochinos, un perro y hasta un burro.

   Mi abuelo, los sábados, al amanecer, bajaba al pueblo con el burro cargado de quesos y huevos, para venderlos y con el dinero que conseguía compraba gofio, y al llegar a casa hacía una gran bimba de gofio. En la finca había unos huertos en los que había plantados papas, millo, batatas, y muchas cosas más.

   Un día unas de las cabras estaba un poco rara, no comía, y se pasaba todo el día echada. Yo le preguntaba a mi abuelo que le pasaba y me decía que estaba preñada. A mí siempre me ha emocionado ver un baifo nacer, sería la primera vez en mi vida que vería eso, además mi abuelo me dijo que, a veces, hay que ayudar a la cabra cuando va a dar a luz. Mi abuelo sabe mucho de cabras, me gusta verlo cuando las saca a pastar y a la que se aleja le tira un belillo.

   Ayer por la tarde la cabra parió, tuvimos que llamar al veterinario porque se complicó el parto, pero a mí no me dejaron ver como nacían. Al final tuvo dos cabritos y la cabra murió. Y por eso yo alimento a los cabritos con biberones. Me gustan los baifos.

Édgar Perera de León 1º B Me gustan los baifos

   Esto era un niño llamado Juan. Vivía en una granja al sur de Fuerteventura. En ella vivía su padre, su madre y cuatro hermanos. Era la más grande de Fuerteventura y tenía todo tipo de animales los más abundantes eran las cabras, ovejas, vacas, gallinas, cochinos, conejos y perros. También tenían una zona para cultivar donde plantan chochos, papas, batatas y verdura. Juan tenía que ir al colegio con sus cuatro hermanos caminando dos kilómetros y cuando llovía se enchumbaban todos porque la guagua no pasaba por ahí. Mientras el padre y la madre le daban de comer a los animales, que era lo que a Juan le encantaba. En verano, que ni sus hermanos ni Juan iban a clase, se quedaban ordeñando a las vacas, cabra y ovejas para hacer queso. Un día el padre se compró un camión, eso decía que no tendrían que ir caminando más hasta el colegio y que podría traer más animales. Juan siempre se alongaba por la ventanilla del camión.

A final de año su familia sacrificaba algún animal para hacer una cena con: los quesos que tenían, lo que cultivaban en la huerta y una pelota de gofio. Aunque a Juan le gustaba la celebración le daba mucha pena porque le gustaban los baifos.

Izan Suárez Pérez 1ºB Me gustan los baifos

Hace tiempo, cuando los aldeanos eran pobres y tenían que obedecer las órdenes de los reyes, una familia de campesinos vivía en lo alto de una montaña, se dedicaban a la agricultura y la ganadería. El padre se llamaba Bencomo y era cabrero, la madre, Guasimara, era la que se encargaba de la casa mientras que el marido cuidaba de las cabras. Ellos tenían una hija que se llamaba Yaiza y algunas veces ayudaba al padre con las cabras, en invierno solía alongarse en los barrancos para ver el agua correr.

Un día una cabra parió, Yaiza estaba muy contenta porque le gustaban mucho los baifos, le encantaba cuando le ponía el dedo delante de la boca y empezaban a chupárselo.

Al cabo de unos meses nacieron más baifos y así sucesivamente. Ellos mantenían en secreto lo de los baifos ya que si el rey se enteraba obligaría a matar el rebaño de cabras. Un día el rey mandó a unos inspectores a inspeccionar las casas de las montañas, a todas las personas que vivían allí le quitaron las cabras y, por protestar, también le quitaron el gofio, las papas, el millo, etc. Incluido a la familia de Bencomo.

Todos los aldeanos y las aldeanas, muy disgustados por lo que había hecho el rey, se aliaron para matarlo. Se prepararon con todas las herramientas que le sirvieran para el ataque y salieron caminando hacia el pueblo. Estaba lloviendo y toda la gente estaba enchumbada. Al llegar al pueblo los aldeanos tuvieron un enfrentamiento muy sangriento con los guardias del rey, algunas personas consiguieron fajarse de los guardias y llegar a la corte del rey. El rey, al ver a los aldeanos armados y con miradas amenazantes, les suplicó que no le hicieran daño y gritó a todo pulmón: ¡me gustan los baifos!

Natalia Jiménez Rodríguez 1º A No me gustan los baifos

   Era Jueves, me desperté, lo primero que vi fue la cara de mi madre sonriente diciendo: Venga, que llegas tarde. Entonces miré el reloj y ya eran las ocho de la mañana, si no me daba prisa llegaría tarde al instituto, con las prisas se me olvidó coger el libro de Matemáticas, pero cuando llegué al instituto me acordé que hoy íbamos de excursión a una granja. Entonces vi a mi mejor amiga, Paula que estaba jugando a los boliches que me dijo: ¿Hoy porqué no cogiste la guagua? Yo le dije: es que me quedé dormida y después tuve que ir a comprar gofio, y se me escapó la guagua. Fuimos a la clase y cuando abrí la mochila me dí cuenta que no traje dinero para comprarme las papas fritas, en ese momento me encontré un afilador en el suelo y me lo quedé, después de unos minutos llegó la guagua y la profesora cerró la clase con fechillo mientras los alumnos fueron corriendo hacia la guagua, naturalmente yo me puse con Paula y durante todo el camino hablamos sobre los baifos, cuando salimos de la guagua vimos un hombre corriendo detrás de un baifo gritando: Vuelve aquí. En unos minutos perdimos de vista al baifo, el hombre miró para nosotros y se sonrojó, entonces el baifo vino por detrás y me arrancó los pantalones de un mordisco y yo dije: Ño. Mis amigos se empezaron a reír de mí y la profesora me llevó al instituto para que mi madre allí me recogiera, después de un rato vi a mi madre, pero sin coche y con unos pantalones en la mano, cuando llegó me dijó que se le averió el coche, me probé lo pantalones en el vestuario y me quedaban pequeños. Después de quince minutos caminando llegué a mi casa y me eché en mi cama y me dormí.Y esta es la explicación de porque no me gustan los baifos.

DANIEL MARRERO HERNÁNDEZ 1º A Me gustan los baifos

   Había una vez un niño que le encantaban los animales. Llamado Pablo, era un niño muy divertido, juguetón, y bobo. Es bobo porque: es un desastre en clase, nunca hace las tareas y su media de exámenes es de -0. Pero con los animales parecía otro niño.
   En la noche de reyes él no pidió juguetes, ni PLAYSTATION, sino un baifo. Ese baifo tan esperado por fin llegó. Pablo estaba muy privado esa noche. Desde ese día Pablo hacía de todo con el baifo: comía cotufas con él, iban al molino de gofio…
   Con el paso de los meses el baifo se fue haciendo muy malo. Y Pablo no se hacía cargo de los destrozos de la casa, sino la madre. Pablo y el padre estaban todo el día echados. A continuación los padres se pelean por que no ayudaban en la casa, y se separaron.
   Como consecuencia de la separación de los padres a Pablo ya no le gustaron los baifos.
   Moraleja: Si tienes un animal te comprometes a cuidarlo, no tus padres.

Pablo Palomar Concepción 1ºA Me gustan los baifos

El fin de semana pasado fui a un bonito pueblo donde vive mi abuelo Berto y me quedé en su casa. El primer día me dijo que íbamos a visitar el pueblo en una guagua que pasaría en media hora. Así lo hicimos. Fuimos a ver la iglesia, era muy bonita y tenía muchas tumbas en el suelo. Mi abuelo decía que allí estaba enterrada su bisabuela. Al cabo de un rato fuimos a comer al bochinche de la esquina. Yo me pedí cuatro papas con mojo verde, y mi abuelo, una viejita guisada. Estaba todo muy bueno. Al salir, fuimos a casa de mis primos y nos entretuvimos jugando a los boliches y comiendo gofio durante un buen rato. Decidimos regresar a casa, ya eran las cinco. Al llegar, me dijo que las cabras que tenía en el establo iban a parir pronto. Yo salté de alegría porque me encantan los animales. Al cabo de un rato, me puse a hacer la tarea del fin de semana. Cuando terminé, ya eran las nueve de la noche. Cené y me fui a la cama. Me despertó el grito de mi abuelo que me llamaba. Yo me vestí rapidísimo a ver qué pasaba. Mi abuelo estaba en el establo ¡las cabras estaban pariendo! Le pregunté a mi abuelo como se llamaban las crías de las cabras, me dijo que baifos. Nació uno y otros dos más tarde. El más pequeñito se me acercó y me lameteó toda la cara. Yo lo acaricié. Desde ese día me gustan los baifos.

Romén Pérez Báez 1º A No me gustan los baifos

El 15 de Noviembre de 1982 un pastor de la época llamado Pedro llevó a su rebaño a pastar como de costumbre. Era un día tranquilo hasta que Pedro divisó en la lejanía a un lobo ibérico. Él sólo pudo reaccionar de una forma, llevando a su rebaño a una llanura cercana. El peligro se había esfumado y él aprovechó para comer; había llevado para ese día una botella de vino, unas papas arrugadas, una piña, unos chochos y un frangollo. Pero el lobo estaba por los alrededores y en un despiste del pastor, capturó a unos de sus baifos, pero precisamente el que el lobo había elegido para darse un festín, no era tonto. El baifo tomó aire y lo embistió con tanta fuerza que el lobo no tuvo más remedio que correr hacia la montaña. Al llegar a un riachuelo tomó un buche de agua y al mismo tiempo dijo en alto: "No me gustan los baifos".